¿Somos lo que comemos?

1.- Argumentación:

Esta es una frase muy repetida a lo largo de los años en el mundo de la nutrición. Pero, ¿cuánto hay de verdad en ella? Vamos a comprobarlo:

Ya desde hace 2400 años, se conocía la relación entre la alimentación y la salud: Hipócrates decía que nuestra alimentación era nuestra medicina. Es bien sabido, que los factores alimentarios están asociados a enfermedades como la diabetes, la osteoporosis, el sobrepeso, la obesidad, la hipertensión, el infarto, la embolia, algunos tipos de cáncer y otras más. La ingesta de demasiados ácidos grasos saturados y colesterol puede provocar aterosclerosis. En contrapartida, en el siglo XX se demostró el vínculo que hay entre las carencias alimentarias y las enfermedades graves. Estas diferentes formas de malnutrición siguen siendo, aún ahora, problemas de salud pública.
nutricion
Hay personas que pensarán que esto no es así, ya que han podido comprobar como algunos conocidos comen tortillas de tres huevos cubierto con trocitos de tocino y no muestran signos de aumento de colesterol. Otros se entregan a una tableta de chocolate tras otra y se quedan tan delgado como un rastrillo.

Las últimas investigaciones en genética sugieren que la explicación se encuentra en nuestros propios genes. Las diferencias en la composición genética no sólo pueden determinar la capacidad del cuerpo para metabolizar ciertos nutrientes, tales como grasas y lactosa, sino también su susceptibilidad a la enfermedad.

La ciencia, actualmente, busca aprender a modificar las dietas de las personas para satisfacer sus necesidades genéticas, y así evitar o retrasar la aparición de una posible enfermedad. Ese es el objetivo de la “Genómica Nutricional”: el campo de la ciencia que estudia como los genes y la dieta interactúan.
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Otros estudios han demostrado que todo no es génetica: la presencia de un tipo u otro de bacterias intestinales, tienen influencia en nuestra capacidad de asimilar los alimentos y por lo tanto en lo que somos.

La presencia de dichas bacterias es debida al tipo de alimentación que recibimos desde nuestra infancia por nuestra localización geográfica y nuestra influencia social y cultural. Durante la niñez y la adolescencia se adquieren los hábitos y costumbres que determinarán en gran medida la alimentación del adulto. Entre los factores determinantes del crecimiento infantil se encuentran los genéticos, hormonales, afectivos, socioeconómicos, clima, salud y sobre todo NUTRICIÓN.

Es un hecho importante a tener en cuenta como el elevado control y tratamiento de los alimentos que comemos, así como la manera de cocinarlos, nos protege frente a enfermedades alimentarias, pero también nos priva de su componente “vivo” potencialmente beneficioso.

Otra vertiente en la relación “Somos lo que comemos” es que muchos especialista admiten que existe una estrecha relación entre lo que comemos y la salud emocional, física y psicológica. Los “yoguis” suelen recordar que la felicidad puede depender de una respiración, alimentación y actividad adecuada, junta a actitud mental positiva.

La influencia de lo que comemos y cómo lo comemos sobre las emociones y los estados de ánimo es ya algo conocido y aceptado en el mundo de la Psicología y la Salud Mental Positiva.

2.- Pero entonces, ¿da igual lo que comamos?

En un estudio realizado en Canadá con 16000 ataques al corazón por el Dr Salim Yusuf, queda demostrado que la dieta es el culpable del 35% de los casos de estos ataques. Esto es solo por nombrar un estudio al azar de los muchos que existen en la relación “dieta-salud”. Con lo cual, aunque existan unos determinantes genéticos y también sociodemográficos (que influyen en nuestra población bacteriana intestinal), no deja de ser un riesgo el llevar una dieta inadecuada.

3.- Ya…pero en España comemos mejor:

dietamediterranea Esa frase sigue siendo cierta, pero no tan cierta como hace años. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del año 2000, España seguía muy próxima a la denominada “Dieta Mediterránea”, pero se iba alejando con cada año que pasaba. Según datos del Ministerio, en el año 1964, la energía obtenida de las grasas era de un 31%, y en el año 1991, era del 42% con la consiguiente disminución del porcentaje de ingesta de hidratos de carbono. Esto nos lleva, a que actualmente, encontremos un sobrepeso elevado en niños de nuestro país.

Este dato nos dá el reflejo de la importancia de llevar una buena dieta y de como lo que comemos puede influir en lo que somos.

Ya en 1940, el Padre de la Nutrición en Argentina, el Dr. Don Pedro Escudero,nos da cuatro leyes para una adecuada alimentación:

– Ley de la cantidad: La cantidad de alimentos debe ser suficiente para cubrir las necesidades calóricas del organismo. Los alimentos que proveen fundamentalmente calorías (energía) son los hidratos de carbono y las grasas. La cantidad de calorías deberá ser suficiente como para proporcionar calor para mantener la temperatura corporal, la energía de la contracción muscular y el balance nutritivo. Desde el punto de vista calórico, una dieta puede ser: suficiente, insuficiente, generosa o excesiva. De acuerdo a esta ley, los regímenes adelgazantes se consideran “insuficientes”, ya que permiten un descenso de peso a expensas de un contenido calórico reducido. El requerimiento calórico para cada persona en particular deberá ser determinado por un profesional en nutrición, considerando edad, sexo, contextura, actividad, situaciones especiales: diabetes, obesidad, desnutrición, etc.

– Ley de la calidad: Toda dieta deberá ser completa en su composición, asegurando el correcto funcionamiento de órganos y sistemas. En todo régimen deberán estar presentes: hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y agua. De acuerdo a esta ley, los regímenes se clasifican en completos (variados) e incompletos.

– Ley de la armonía: Las cantidades de los diversos principios que componen la alimentación deberán guardar una relación de proporción entre ellos, de manera tal que cada uno aporte una parte del valor calórico total. Se recomienda que toda dieta normal contenga: – proteínas: 12 a 15% del valor calórico total – grasas: 30 a 35% del valor calórico total – carbohidratos: 50 a 60% del valor calórico total.

– Ley de la adecuación: Toda dieta deberá ser la apropiada para cada individuo en particular, considerando: edad, sexo, actividad, estado de salud, hábitos culturales y economía. Ello implica una correcta elección de los alimentos, así como una correcta preparación.

Estas leyes, en la mayoría de los casos, en la actualidad, no se cumple en nuestra dieta.

4.- Ya…pero yo como deportista ya llevo una dieta adecuada:

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En muchos casos, este comentario será verdad, pero en otros, el comentario podría estar más cerca de “llevo una dieta sana”, más que de “llevo una dieta adecuada”.

Llevo años viendo como deportistas que lo dan todo por mejorar su rendimiento, llevan una dieta descuidada, a lo sumo, solo con una reducción en el consumo de grasas, con lo cual ya se dan por satisfechos.

También me he encontrado otros deportistas en mi camino, que pensaban, que con una dieta adecuada, al día siguiente habrían mejorado su rendimiento un 200%. Cúal era su sorpresa, que al poco, volvían a abandonar la dieta.

Cuando uno habla de “alimentación y deporte”, lo primero que se le ocurre es pensar en comer lo mejor posible para así desarrollar una actividad extra sin sufrir agotamiento físico. Sin embargo, no es tan sencillo: aunque comamos un día bien, seguiremos sin ser capaces de correr los 100 metros lisos sin caer en estado de fatiga. Es más, la alimentación y el deporte deben recorrer juntos un largo camino para llegar al podio o simplemente para sentirse bien. Asimismo, hay que tener en cuenta que, además de recorrer un camino juntos, la alimentación y el deporte deben estar relacionados. Es decir, no todos los deportes llevan asociado el mismo tipo de alimentación. Se deben hacer diferencias según una serie de características como tipo de acto deportivo, aeróbico o no, características del deportista, etc.

La alimentación del deportista no sólo debe nutrir las células del organismo para que éste se desarrolle y mantenga, sino que, además, debe cubrir el gasto derivado del esfuerzo extra.

5.- Conclusión:

Con los datos aportados, podemos discernir, que aunque hay factores que se escapan a nuestro control como son la genética y la población bacteriana intestinal (esta última modificable con una dieta adecuada “viva”), la frase “Somos lo que comemos” tiene una gran parte de verdad. Con nuestra dieta podemos definir como queremos ser, tanto en el apartado salud física como emocional, así como en el apartado rendimiento.

Si en una persona de actividad normal es importante, en un deportista, ya sea de élite o aficionado, en el cual queremos mejorar un rendimiento, o solamente mejorar el estado físico y la salud, cobra especial relevancia el realizar una dieta adecuada a sus características físicas y el deporte que realiza.

Como un buen amigo me dijo una vez:

“Una buena alimentación no te hará ganar, pero una mala alimentación si te hará perder”

 

 

 

 Sobre el autor:

Firma Hermano

 
Fuentes:
- MANZANO BAREA, Elena. Somos lo que comemos. REDUCA, 2013, vol. 4, no 15.
- RIZO BAEZA, Mª M.; CORTÉS CASTELL, E. Somos lo que comemos: bases de una correcta nutrición durante la niñez y adolescencia. Revista Rol de Enfermería, 2004, vol. 27, no 2, p. 94-99.
- Wikipedia “Alimentación Humana”
- UNED “Guia de alimentación y salud”
- The Economist: “We are what we eat”, September 2003
- Nutrition Report: “We are what we eat”, November 2008